LA SOLEDAD COMO PROBLEMA ¿SABEMOS ESTAR SOLOS?

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¿Sabemos estar solos? La respuesta a esta pregunta es que generalmente no. En una sociedad interconectada como la nuestra siempre solemos percibir la soledad como problema a solucionar. No como un estado o situación transitoria que puede ser buscado o deseado y no solo evitado.

El aislamiento impuesto

Es cierto que, desde el punto de vista psicológico, hay situaciones de soledad no buscada que pueden afectar gravemente a nuestra salud mental y emocional. El problema de la soledad en personas mayores existe y es muy real, y también en otros ámbitos en los que se puede producir rechazo social o problemas de integración en una comunidad. Trabajando como psicólogos en Oviedo desde hace bastantes años hemos llegado a palpar los efectos perniciosos del aislamiento y la falta de contacto social sobre las personas.

Porque sí, somos un animal social, genéticamente programados desde hace milenios para vivir en grupos o comunidades más o menos reducidas, como nuestros parientes los monos antropoides. Nunca fuimos cazadores solitarios. Y tenemos muy arraigada en nuestra psique la seguridad que brinda la sensación de pertenencia al grupo, a la tribu.

Pero lo cierto es que considerar la soledad como problema en cualquier situación nos oculta sus facetas positivas, que las tiene. Psicológicamente, la soledad puede suponer un descanso al exceso de estímulos que un contacto social prolongado y heterogéneo suele despertar en nuestra mente. Conocer y tratar a mucha gente diferente suele resultar interesante y enriquecedor – o no, depende de la superficialidad en el trato – .Pero para asimilar lo que ese contacto nos aporta necesitamos ciertos momentos de pausa y reflexión. Por eso, saber estar con uno mismo, nos permite sacar mejor partido de estar con los demás. Aunque parezca paradójico. Por no hablar de los beneficios emocionales que nos aporta un tiempo de reflexión y meditación.

¿Sabemos estar solos de verdad?

Sin embargo, estar solos de manera intensa y prolongada es algo que solemos representarnos como algo a evitar. Nadie habla de irse a una isla desierta, pero sí de salir a dar un largo paseo por el campo en una zona aislada, o pasar un fin de semana de descanso en casa o en una cabaña en el bosque o en la montaña sin aparatos electrónicos.

Es un viejo adagio de la sabía popular que nacemos solos y morimos solos. Pero parece como si entremedias tuviéramos que compensar esa verdad incontestable llenando nuestro tiempo de contacto con los demás, aunque sean extraños.

A este respecto resulta muy revelador cierto experimento llevado a cabo hace algunos años por psicólogos de la Universidad de Virginia publicado en la revista Science. En él se venía a demostrar que la mayoría de los voluntarios encerrados en una habitación, sin contacto exterior alguno, pasado cierto tiempo, preferían la opción que se les brindaba de verse sometidos a una pequeña descarga eléctrica como requisito para salir de allí. En definitiva, estamos dispuestos a sufrir con tal de dejar de estar solos.

Sin embargo, en Vivat Psicólogos, podemos ayudar a descubrir el mejor equilibrio entre soledad y compañía. Reconociendo los efectos terapéuticos de un trato social adecuado y exprimiendo los beneficios que los estados de soledad – sean o no impuestos – pueden llegar ofrecernos. Reconstruir los puentes hacia nuestro círculo social en personas con ciertos problemas como la depresión o las adicciones resulta también muy importante. Así como el tratamiento de las personas que padecen fobia social, antropofobia o miedo a las aglomeraciones. Sobre esto, y muchas otras cosas, podemos hablar dónde y cuándo queráis, si contactas con nuestro gabinete.

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