FRACASAR PARA TRIUNFAR: ALGO MÁS QUE UN TÓPICO

Vivat Psicólogos en Oviedo para crecimiento personal 

A diferencia de lo que ocurre en el mundo real – académico o profesional – en psicología el valor del fracaso está en alza. En el mundo del crecimiento personal, las derrotas son esenciales para delimitar y señalar el camino del éxito o de la consecución de metas.

Como psicólogos expertos en crecimiento personal en Vivat Psicólogos Oviedo abogamos por el desarrollo de la capacidad de encarar nuestros errores y frustraciones con afán didáctico y de perder el miedo al fracaso desafiando su poder paralizador.

Resulta una obviedad que las probabilidades de éxito aumentan con el número de intentos infructuosos por alcanzarlo, si hablamos de un objetivo factible. Pero no se trata de una mera cuestión de estadística o de  probabilidad. Se trata de poner en valor la valiosísima información que nos puede proporcionar a nosotros mismos o a terceros, un fracaso determinado. Así en los conocidos encuentros o conferencias Fail Con, las experiencias adquiridas por inversores o emprendedores en negocios fallidos, se comparten y son muy apreciadas por nuevos – o los mismos – inversores o emprendedores que quieren aprender de los fracasos para saber no tanto lo que no debe hacerse como lo que es mejor hacer para lograr sus objetivos.

Un afamado psicólogo de Oviedo, colega reconocido en la profesión, solía decir que fracasar es vivir. Lejos del mundo de los negocios o de la mera autoayuda, en la psicología internacional y particularmente desde el mundo anglosajón, numerosos autores y expertos en crecimiento personal, ponen en valor el poder impulsor del fracaso si somos capaces de sobreponernos a él. Así Jessica Lahey, en su obra El Regalo del Fracaso  (The Gift of Failure) critica el exceso afán protector de los padres respecto a los hijos, llegando a abogar por someter a éstos a experiencias artificiales de fracaso para que puedan beneficiarse de su poder educativo. O en obras como Fallaste¡ (Failed it¡) de Erik Kessels se trata del método para convertir los fracasos en ideas motoras.

Para Wiston Churchil el éxito consistía en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo. Y esto lo dijo alguien cuya idea de un desembarco aliado en la península de Galípoli se saldó en la Primera Guerra mundial con un sonoro fracaso y un gran coste en vidas humanas. Sin embargo, tras una carrera política llena de altibajos esto no le impidió en convertirse en el Premier británico que llevaría a su país a la victoria en la Segunda Guerra Mundial, pese a lo cual fracasaría en su intento de ser reelegido para el cargo, al final de la misma.

Sin duda, la historia está llena de ejemplos muy inspiradores, que resultarán familiares a quienes nos conozcan en nuestro ejercicio profesional como psicólogos en Oviedo especialistas en crecimiento personal, pues los solemos utilizar como referentes a tener en cuenta. Colón fracasó en llegar a China e India, pero en cambio descubrió América, o Edison hubo de tragarse innumerables fracasos en su intento de crear una bombilla incandescente durable y con luminosidad suficiente (se dice que lo intentó incluso con filamentos de cabello humano).

Un ejemplo esclarecedor del valor de la  información que nos puede proporcionar cualquier fracaso, por desastroso que éste sea está en la propia historia de la aviación y el perfeccionamiento de la seguridad logrado gracias a un invento como las cajas negras, como aclara  Matthew Syed en Black Box Thinking (La caja negra del pensamiento). Nuestra memoria, lejos de ser un enemigo, puede actuar como un aliado al rememorar situaciones de fracaso o decepción, si sabemos leer correctamente la información útil que nos proporciona  y desechar las interpretaciones negativas o el sentimiento de culpa que nos puedan generar.

En Vivat Psicólogos, nuestra experiencia en apoyo al crecimiento personal nos demuestra que el ejemplo de las cajas negras debe tenerse muy en cuenta. No hace falta que nos estrellemos, pero profundizar en el análisis de los errores cometidos, antes que rehuirlos o tratar de sepultarlos en el cajón del olvido de nuestro pensamiento, nos conducirá no sólo a no repetirlos, sino a utilizar toda esa información en beneficio propio. Enfrentarnos al pasado desagradable puede resultar amargo, pero si lo hacemos desapasionadamente, desde una perspectiva de aprendizaje, descubriremos que no resulta tan, terrible, sino muy esclarecedor en ocasiones.

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